
Los gobernantes del mundo, y muchos que no lo son, se la pasan por el forro. Pero es la declaración más encomiable que el mundo entero y sus representantes ha hecho jamás. Hoy hace sesenta años que se lanzó esta maravillosa Declaración Universal y aunque sea a modo de homenaje, además de para tenerla siempre presente y que no se me olviden esos derechos de todos, no solamente míos y de la gente más cercana, aquí la pongo. Esto debería ser el catecismo universal y, desde luego, la primera asignatura en los colegios.

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