
Hoy no tengo ganas de escribir sobre las cosas que pasan en el mundo mundial, estoy un poco harta de la gente “estupenda”, “hipermegaguay”. Ya, ya sé que diréis que a qué viene esto, la verdad no lo sé. ¿O sí?
Hay gente que aún con la edad, lo que nos supone un grado de experiencia, parece que ha quedado anclada o atrapada en algunos clichés, les ves obsoletos, otros con síndrome de Peter Pan , algunos que aún buscan su sitio, otros que no se atreven a asomar la nariz más allá de su verja, otros son solitarios forzosos rodeados de mucha gente, otros no asumen el paso del tiempo, otros como el vino han mejorado notablemente con los años, otros no han evolucionado en ninguna dirección, ni buena ni mala, en ninguna, otros que ni si quiera les reconoces, otros se les nota que les falta calor, compromiso, les ves que huyen hacia ninguna parte, otros se esfuerzan en parecer “estupendos”, otros dicen desear lo que en realidad no desean, otros prometen a sabiendas que no pueden cumplir, unos están vivos, otros no, unos ríen , otros sonríen, algunos lo intentan otros se dan la vuelta antes de empezar y así podría seguir sin parar. No quiero saber lo que pensaran de mi , puede que me pongan a caldo o no. Pero la verdad que todos y cada uno de ellos han formado, forman y formarán parte de mi, es decir , han contribuido a que yo sea de la forma que soy y podré ser de mil formas dispares, en definitiva todos son mis amigos en mayor o menor medida, o en mayor o menor grado de compromiso.
En los últimos días he tenido la oportunidad de verme con dos grupos dispares de amigos, de esos de toda la vida y que no nos vemos tanto como quisiéramos, pero podría haber fusionado los dos grupos en cuanto a la parte emocional del asunto, con ambos grupos he tenido una amalgama de sentimientos muy similares sin obviar por supuesto lo que particularmente cada uno de ellos aporta a esta reflexión que me traigo entre manos (será este invierno madrileño)
Es una gozada estar con buenos y viejos amigos. A una se le pasan las horas sin darse cuenta hablando en las sobremesas, en las copas o mientras paseamos, de lo divino y de lo humano, de política o de enfermedades, de economía, de achaques de la edad o de proyectos para cuando seamos aún mayores, hablando de cualquier cosa, da igual, y cada vez que nos vemos, lástima no tener la oportunidad de hacerlo más a menudo, yo me vengo con una grata sensación de haber aprovechado de una forma inmejorable las horas de asueto, contenta, reconciliada con el mundo, mucho más viendo a estos amigos y amigas radiantes y felices porque les notas que están sintiendo exactamente lo mismo.
Amigos que soporten bien las largas sesiones de charlas de las sobremesas de este grupo de gente que me encanta, mis amigos , y lo paso con ellos de puta madre, charlar hasta la madrugada y contarnos la vida y milagros de nuestros hijos y nietos, de la gente en general, y cagándonos en los políticos de turno, y bla, bla, bla, bla…No sé cuál es el secreto, pero el caso es que en la vida conoces a muchas gente, haces medio amistad con bastantes, muchos de ellos, por razones distintas, se van quedando inevitablemente en el camino, algunos los pierdes cuando sus parejas, la de cualquiera de ellos, no entra en el círculo, porque no le apetece, porque no sabe entrar, porque no es acogido por falta de química, por lo que sea, y se van distanciando, y se pierden, los años han pasado y, a pesar de vernos menos de lo que querríamos, quizás por eso, nos ponemos todos más contentos que unas castañuelas, desbordados de alegría y entusiasmo más propio de adolescentes que de carrozones de casi o más de cincuenta años, charlando por los codos, a gusto, contentos de estar juntos, todos, no hay nadie que se desmarque. De modo que una de estas sesiones nos sirve para recargar las baterías del alma, apartado importante de la amistad, absolutamente necesarias para afrontar lo cotidiano con renovadas fuerzas, con renovada alegría, encontrándole sentido, de otro modo es más difícil, al esfuerzo diario, al trabajo, a la inevitable rutina, porque sabes que tienes gente, familia aparte, con las que romperla en cualquier momento... seguiremos viéndonos, menos veces de lo que deseamos, pero siempre con la alegría que sólo da el verse con la gente que quieres, que nosotros elegimos, que nos eligieron a nosotros.....
Pues eso, " es la falta de amor lo que llena los bares, son tus labios para mi un plato de calamares" (dixit Lichis)
(siempre podré decir que no fui yo quien vertió toda esta mermelada rosa aquí, que fue un hacker mamarracho...) Hoy me ha dado un punto raro… ahhh se siente ¡ ahora me aguantáis un poco.
Hay gente que aún con la edad, lo que nos supone un grado de experiencia, parece que ha quedado anclada o atrapada en algunos clichés, les ves obsoletos, otros con síndrome de Peter Pan , algunos que aún buscan su sitio, otros que no se atreven a asomar la nariz más allá de su verja, otros son solitarios forzosos rodeados de mucha gente, otros no asumen el paso del tiempo, otros como el vino han mejorado notablemente con los años, otros no han evolucionado en ninguna dirección, ni buena ni mala, en ninguna, otros que ni si quiera les reconoces, otros se les nota que les falta calor, compromiso, les ves que huyen hacia ninguna parte, otros se esfuerzan en parecer “estupendos”, otros dicen desear lo que en realidad no desean, otros prometen a sabiendas que no pueden cumplir, unos están vivos, otros no, unos ríen , otros sonríen, algunos lo intentan otros se dan la vuelta antes de empezar y así podría seguir sin parar. No quiero saber lo que pensaran de mi , puede que me pongan a caldo o no. Pero la verdad que todos y cada uno de ellos han formado, forman y formarán parte de mi, es decir , han contribuido a que yo sea de la forma que soy y podré ser de mil formas dispares, en definitiva todos son mis amigos en mayor o menor medida, o en mayor o menor grado de compromiso.
En los últimos días he tenido la oportunidad de verme con dos grupos dispares de amigos, de esos de toda la vida y que no nos vemos tanto como quisiéramos, pero podría haber fusionado los dos grupos en cuanto a la parte emocional del asunto, con ambos grupos he tenido una amalgama de sentimientos muy similares sin obviar por supuesto lo que particularmente cada uno de ellos aporta a esta reflexión que me traigo entre manos (será este invierno madrileño)
Es una gozada estar con buenos y viejos amigos. A una se le pasan las horas sin darse cuenta hablando en las sobremesas, en las copas o mientras paseamos, de lo divino y de lo humano, de política o de enfermedades, de economía, de achaques de la edad o de proyectos para cuando seamos aún mayores, hablando de cualquier cosa, da igual, y cada vez que nos vemos, lástima no tener la oportunidad de hacerlo más a menudo, yo me vengo con una grata sensación de haber aprovechado de una forma inmejorable las horas de asueto, contenta, reconciliada con el mundo, mucho más viendo a estos amigos y amigas radiantes y felices porque les notas que están sintiendo exactamente lo mismo.
Amigos que soporten bien las largas sesiones de charlas de las sobremesas de este grupo de gente que me encanta, mis amigos , y lo paso con ellos de puta madre, charlar hasta la madrugada y contarnos la vida y milagros de nuestros hijos y nietos, de la gente en general, y cagándonos en los políticos de turno, y bla, bla, bla, bla…No sé cuál es el secreto, pero el caso es que en la vida conoces a muchas gente, haces medio amistad con bastantes, muchos de ellos, por razones distintas, se van quedando inevitablemente en el camino, algunos los pierdes cuando sus parejas, la de cualquiera de ellos, no entra en el círculo, porque no le apetece, porque no sabe entrar, porque no es acogido por falta de química, por lo que sea, y se van distanciando, y se pierden, los años han pasado y, a pesar de vernos menos de lo que querríamos, quizás por eso, nos ponemos todos más contentos que unas castañuelas, desbordados de alegría y entusiasmo más propio de adolescentes que de carrozones de casi o más de cincuenta años, charlando por los codos, a gusto, contentos de estar juntos, todos, no hay nadie que se desmarque. De modo que una de estas sesiones nos sirve para recargar las baterías del alma, apartado importante de la amistad, absolutamente necesarias para afrontar lo cotidiano con renovadas fuerzas, con renovada alegría, encontrándole sentido, de otro modo es más difícil, al esfuerzo diario, al trabajo, a la inevitable rutina, porque sabes que tienes gente, familia aparte, con las que romperla en cualquier momento... seguiremos viéndonos, menos veces de lo que deseamos, pero siempre con la alegría que sólo da el verse con la gente que quieres, que nosotros elegimos, que nos eligieron a nosotros.....
Pues eso, " es la falta de amor lo que llena los bares, son tus labios para mi un plato de calamares" (dixit Lichis)
(siempre podré decir que no fui yo quien vertió toda esta mermelada rosa aquí, que fue un hacker mamarracho...) Hoy me ha dado un punto raro… ahhh se siente ¡ ahora me aguantáis un poco.

2 comentarios:
Felicidades por el texto, es verdad que nos vemos poco, pero cuando lo hacemos lo pasamos bien. Bss
Felicidades a vosotros por ser mis amigos. Beso.
Publicar un comentario