Javier Salvador, teleprensa.es
Hace unos días, en la comunidad valenciana, la Policía pilló con las manos en la masa a dos reporteros de Intereconomía, de éstos que graban con cámara oculta y luego publican en Época espectaculares reportajes que inmediatamente terminan en demanda judicial, sin que les duela prenda alguna tener que rectificar al día siguiente. Vamos, amarillismo en estado puro. Se hacían pasar por empresarios e intentaban extorsionar a un abogado, concretamente al que le ha metido las cabras en el corral al presidente de la Diputación Provincial de Castellón, Carlos Fabra. Un tipo que va con gafas de sol a los plenos y lleva más guarda espaldas que el presidente del Gobierno. Una prenda de político que tiene causas abiertas por todos los delitos relacionados con dinero público que se puedan imaginar además de mucha suerte, porque la diosa fortuna le ha sonreído en dos ocasiones con premios gordos de lotería. Eso dice él.El abogado, que no es tonto, se olió la trama nada más se pusieron en contacto con él. Decían que iban de parte de un abogado del PSOE y de un periodista de El País. Criticaban a Fabra, le hacían la pelota y luego intentaron comprar su voluntad con un anillo de oro y supuestos diamantes. En la reunión, además de los gatos con la cámara oculta estaban el abogado víctima de la trama y un número indefinido de policías que, de paisano, fueron testigos de la historia. En un momento de la conversación el jefe del grupo policial llamó al abogado y le dijo que lo dejase ya, que había más que suficiente para trincarles. Casualmente los dos presuntos delincuentes no llevaban sus documentos nacionales de identidad, sólo una grabadora oculta, una microcámara en una agenda y dos carnés de prensa de Intereconomía. Cuando les pillaron maullaban diciendo eso de te ajustaremos las cuentas con otras cosas que tenemos grabadas, mientras su víctima se descojonaba de ellos, del gato jefe y de Julio Ariza, el exparlamentario del PP propietario de Intereconomía y Época.Llegados a este punto habrá que preguntarles al PP, a Juan José Matarí y Javier Arenas entre otros, sobre la credibilidad no sólo que pueda tener Época o Intereconomía, sino la veracidad que le dan ahora al caso de los asesores de la Diputación. Porque hay que recordar al bufón político de la corte popular, Manuel Alías, sujetando una revista Época mientras su jefe metía la pata política hasta el corbejón dándose un festín apoyado en una infamia política.También habrá que preguntarle al fiscal jefe de Almería,- que ya no sé si se llama Oña u Ocaña-, porque él entró en el juego político sin que nadie se lo pidiese, y si teniendo en cuenta los hechos antes relatados, le supone aún una prueba creíble lo escrito en la revista Época o lo publicado en Intereconomía, como para asegurar que a simple vista se podían ver tantos delitos como él vio, sin tener aún nada en su manos.Esto tiene otra lectura más, bueno muchas más, pero vamos con una de ellas. El PP lo tiene que estar pasando muy mal para tener que basar su oposición en lo que les descubren unos tipos que van con cámara oculta, extorsionando y ofreciendo anillos de oro antes de que les detengan. Porque no hablamos de una película de mafias, sino de la puñetera realidad que ellos quieren convertir en política.Lo decente sería pedir disculpas, que Matarí se fuese a su casa de Madrid y con él unos cuantos más. Igual de este modo el congreso del PP que se avecina en Almería sería un congreso de verdad, pero no será así porque esa es la política, un día tu atacas y si te equivocas no pasa nada, porque era sólo una crítica política y eso no está tipificado en el código penal o civil.Que el PP hace uso de medios de comunicación controlados por su altos cargos es un hecho. En Almería tenemos Popular Televisión, la tele del presidente provincial del Partido Popular, Gabriel Amat, o de su mujer, porque ahora habrá que averiguar a nombre de quién está la empresa que tiene la franquicia de la tele de los obispos. Pero a ellos no les llaman desde el obispado para que ataquen a Usero, el presidente de la Diputación, lo hacen desde Roquetas de Mar. Hablamos de una tele que no tiene licencia para emitir en Almería, que recibe publicidad institucional de administraciones públicas ligadas al PP y a la que no sabemos si el obispado les dejará utilizar cámaras ocultas, porque creo que después del episodio de Valencia a Intereconomía y a Época se les ha terminado el chollo. Tendrán que buscar a otros que les hagan el trabajo de calle tal y como ellos parecen que lo entienden. El PP es algo más grande de lo que estos tipos entienden, el problema es que mientras las bases no den un golpe en la mesa seguiremos viviendo seriales de anillos de oro y diamantes, cámaras ocultas ilegales y centros comerciales que se hicieron sin licencia.
jueves, 20 de noviembre de 2008
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